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lunes, 16 de abril de 2018

Cronista de San Miguel de Allende.

Les recomiendo la siguiente pagina del Cronista Luis Felipe Rodriguez Palacios.

Donde encontraran las historias y tradiciones que llenan a San Miguel de Allende


http://cronistasanmigueldeallende.blogspot.mx/






sábado, 24 de marzo de 2018

Recorridos en San Miguel de Allende.

Si te gustan conocer las leyendas de los lugares que visitas, es San Miguel de Allende hay grupos que te llevaran de la mano a conocerlas.

Aquí te de dejo una buena recomendación:

Leyendas San Miguel
Teléfono: 415 101 1191


Tienen un excelente recorrido, no te arrepentirás.




viernes, 23 de marzo de 2018

Leyendas de San Miguel de Allende – La Monja Agusanada

Josefa Lina de la Canal y Hervas nació en 1736, fue la primera hija de Don Manuel de la Canal (dueño de la Casa de la Canal) en San Miguel de Allende. Al crecer Josefa, fue evidente su devoción religiosa.

A sus 15 años mueren sus padre y heredó 70 mil pesos.

A su corta edad decidió ser religiosa y de construir un convento: El Convento de la Concepción, mejor conocido como ” Las Monjas” y hoy Centro Cultural Nigromante “Bellas Artes”.

El padre Felipe Neri de Alfaro la apoya, y le recomienda trasladarse al santuario de Atotonilco, para que definiera su decisión. Después de ocho días de encierro, firme aún en tomar los hábitos y volverse monja, toma su herencia y empieza la construcción del convento.

Se conviertió así en la fundadora del Real Convento de la Purísima Concepción en San Miguel. Desde los primeros momentos de la fundación del convento Josefa, trabajó mucho para sostener económicamente y espiritualmente su proyecto.

Se inauguró con el traslado de religiosas al nuevo edificio, el que aún no se terminaba. Faltaban torres, campanario y altares. Que luego se terminaron durante la primera mitad del siglo XIX. La cúpula también faltaba que fue obra del maestro albañil Zeferino Gutiérrez (quien construyó la Parroquia de San Miguel Arcángel, la iglesia principal de San Miguel). Se inspiró en la iglesia de los inválidos en París.

Días antes de su muerte empezó a toser gusanos. Los dolores de Josefa eran tan agudos, que se desmayaba. Los que la vieron dicen que de esos gusanos nacieron mariposas.

La monja murió a los 33 años, cinco años después de inaugurado el convento. Sus restos aún se conservan en el inmueble que la apasionó. 

Leyendas de San Miguel de Allende – La Tapada Misteriosa

Cuenta una leyenda que en pleno siglo XX en este antiguo pueblo de San Miguel de Allende había una mujer que a causa de un enfriamiento, sufrió una severa deformación en su cara. A raíz de esta condición, la mujer cubría su rostro con un velo negro.

Una noche fría que la mujer regresaba a su casa, escuchó que tres hombres borrachos la comenzaban a seguir. Al darse cuenta de ello, la mujer se puso muy nerviosa y apresuró el paso.

Los borrachos apresuraron también el paso esperando una respuesta de la mujer. Suponían que era una bella dama.

-¡Óigame linda!

¡No se haga del rogar!

Cuando ya los tipos se encontraban demasiado cerca y estaban a punto de abrazarla, ella apresuró el paso  acercándose a un poste que alumbraba la calle. Al sentir a uno de los borrachos muy cerca y temiendo ser víctima de groserías por parte de aquellos inconscientes, de repente se acordó de la leyenda de la Tapada Misteriosa. Como por arte de magia recobró la calma y se acordó también de su fealdad. Comenzó a reír con tremendas carcajadas y destapó su rostro deforme mostrándoselo a los borrachos. Al verla se pusieron verdes de miedo recobrando el juicio, llevándose el susto de su vida comenzaron a huir del lugar en todas direcciones y desaparecieron en cuestión de segundos. Desde entonces la leyenda de la Tapada Misteriosa revivió, convirtiéndose en un rumor que corrió por todo el pueblo. Se decía que en la calle de Correo, la Tapada Misteriosa esperaba a sus presas, (hombres que salían briagos de la cantinas), haciéndose pasar por una bella dama, para luego convertirse en un ser espeluznantemente feo y pegarles el susto de su vida.

Leyenda de Brujas en San Miguel de Allende, Guanajuato


La leyenda de brujas en San Miguel de Allende, siempre ha sido muy sonada, y es uno de los secretos más grandes en San Miguel de Allende y se sabe que es muy practicado actualmente. 
Cuando mi nana me acostaba para dormir y me decía que no me descobijara los pies porque iba a venir la bruja que chupa a los niños dejándolos sin sangre.

La leyenda dice que las brujas se sacaban los ojos y los escondía en las tibias cenizas del fogón, agarraba su escoba y a volar por San Miguel, buscando pies descobijados de niños. Se dice que ellas huelen la sangre de los niños y así los encuentra. Entran por la ventana y se acercan silenciosamente las camas. Comienza a chuparle la sangre desde los pies a veces hasta la muerte. Cuando el sol estaba por salir y no alcanzaban tomar toda la sangre, dejaban a los niños todos débiles y enfermos.

En la actualidad hay muchas personas que les llaman brujas o hechiceras de San Miguel haciendo rituales, hechizos y amarres. Sigue siendo muy sondado sus reuniones en las presas de San Miguel de Allende, las cuales son:

* Presa Ignacio Allende
* Presa las Colonias
* Presa del Obraje

miércoles, 21 de marzo de 2018

San Miguel de Leyendas

Por Eva Luz Villalón Turrubiates

En Octubre, en que esperamos la ancestral visita de nuestros muertos, resurgen las leyendas en el pueblo. El escritor y folclorista español José Calles Vales define la leyenda como una producción tradicional, con una base histórica, pero cuyo argumento es necesariamente maravilloso o ficticio y su vocación poética y emocional. El poeta José María Merino dice que las leyendas ofrecen una memoria soñada en la que se conservan sombras y signos sin los que la historia no se podría entender del todo.

San Miguel es un pueblo de leyendas. Sus casonas, muros, calles y callejones nos hablan de su pasado legendario. Y no hay mejor tiempo para recordar esas historias que los días de otoño con su aire frío, las ramas desnudas de los árboles, las hojas secas y las lunas de la cosecha.



Las festividades del Día de Muertos inician el 31 de octubre con el Día de los Abrojos, es decir, de los niños que morían en el seno materno y no alcanzaban a nacer. El 1 de noviembre se recuerda a los niños que habían muerto tras su nacimiento y el día 2 a los fieles difuntos, día en el que todos en San Miguel vestían de luto.
El cronista sanmiguelense Félix Luna nos cuenta que en el pueblo se encendían hogueras para que las ánimas reconocieran el lugar en el que se les espera y entraran a disfrutar de su ofrenda. Como veían cansadas del camino, se les ponían jarritos de agua. También se encendían velas, se quemaba copal, se colocaba pan, fruta y comida y, si se tenía la posibilidad, hasta “se echaban cohetes, para que el ánima supiera dónde bajarse”.



La costumbre de ir a los panteones es muy arraigada. El primer panteón estuvo en el atrio de la Parroquia, pero después se construyó el hospital de San Juan de Dios con su panteón a un lado, del que sobrevive un pequeño lote. La mayor parte de las tumbas quedaron en lo que ahora es el DIF. Muchos años después vendría el Panteón de Guadalupe.
Don Félix Luna también contaba de la tradición del alfeñique, costumbre española heredada de los árabes. Además, se acostumbraba hacer figuritas de difuntos con una masa de elotes tiernos endulzada con miel y decorada con semillas. Estas figuras fueron sustituidas por el pan de muertos.



Caminando por San Miguel uno no puede menos que preguntarse cuál será la historia detrás de los nombres de algunas de sus calles, por ejemplo, del Callejón de las Ánimas. Pero son esas leyendas de los barrios, calles y plazas las que le dan sabor y color al pueblo. Mientras se camina por las callejuelas decoradas con papel picado y percibe la fragancia de los cempasúchiles, se puede entender por qué los fantasmas no han ido del todo del lugar en donde pasaron su vida. Nuestros fantasmas son los recuerdos del pasado de nuestro pueblo y quizás es por eso que nosotros tampoco los dejamos ir.
Y nos seguimos fascinando con esas historias que nos cuentan que en algún lugar de Los Picachos hay una cueva encantada y que dentro se encuentra otro San Miguel suspendido en el tiempo. Los pobladores de la región cuentan que por las noches se escuchan sonidos de una celebración: música, cantos, tamborazos, chirimías, cohetes y gran algarabía. Pero cuando un curioso quiere unirse a esa Boda Encantada, la música se va moviendo de lugar y el curioso jamás la alcanza, por más que la siga. A veces terminan llegando a la Cueva Encantada y cuentan que algunos curiosos que se han aventurado a entrar siguiendo a la procesión jamás han salido.



No son pocos los vecinos de la Cañada de los Aguacates que atestiguan haber visto una procesión de ánimas que bajan desde el Valle del Maíz y se dirigen al templo de la Cruz del Chorro, uno de los más antiguos de la ciudad.
En el Charco del Ingenio tenemos la leyenda de un espíritu travieso que habita en las profundidades de su manantial y que aparece tomando la forma del animal que desee. Es el Chan, guardián de las aguas y hay que mantenerlo contento, de lo contrario puede hacernos travesuras o, en el peor de los casos, llevarnos a las profundidades del foso. La gente del cerro de las Tres Cruces cuenta que allá también hay un Chan en su manantial que pone un plato de fruta flotando en el agua para jalar a la gente.



Y de las profundidades del Charco nos llega una de las leyendas más famosas, registrada por el escritor Leobino Zavala en su libro “Tradiciones y Leyendas Sanmiguelenses” con el título de la Leyenda del Descabezado. Ahí, en verso, nos cuenta que, en la quietud de las noches de luna llena, cuando las campanas de la Parroquia dan las doce, al sonido de la última campanada se escuchan los cascos de un caballo contra el empedrado de las calles.
Es el alma de un jinete que sale desde el Charco del Ingenio, baja por la Presa del Obraje, toma la Calzada de la Presa, cruza el puente de Umarán, recorre la Plazuela del Fresno para tomar por el Callejón del Colegio, pasa por el templo de la Salud, el Oratorio, la Casa de Loreto y sigue por la calle Santa Ana (ahora Insurgentes) y se pierde a lo lejos por el rumbo del cementerio de San Juan de Dios.
Le llaman El Descabezado y cuentan que quien lo ve se queda ciego, por lo que hay que cerrar los ojos y taparse los oídos si se tiene la mala suerte de toparse con él. Cabalga en un corcel negro que saca chispas del empedrado a su galope.
Dicen que es el fantasma de un noble señor que trataba muy mal a los empleados que tenía en un obraje cercano al Charco y que un día fue encontrado muerto y decapitado. Desde entonces comenzó a aparecerse galopando por el pueblo quizás buscando su expiación.
¿Explicarlo? – Dijo Carlos Fuentes. – No, creerlo nada más. México no se explica; sólo se cree, con furia y con pasión.

martes, 7 de agosto de 2012

El Aparecido de Chambergo

Asistir de mañana a los ofico que se había convertido en una costumbre de la familia López.
Se cuenta que corría el año de gracia de 1860, era una lluviosa mañana de septiembre, cuando Don Margarito salió de su casa, pasó por su hermano Néstor y en el camino se les juntaron don Lucas Infante con su familia y otras personas, los que iban a toda prisa porque la campana de la iglesia estaba dando la última llamada. La esposa de don Néstor estaba preocupada, comentó con sus amigas porque su hijita seguía muy grave y que según el médico, sólo un milagro podría salvarla.
Iba a la iglesia con gran fe para pedirle a Dios por su pequeña Lupita, para que no se la llevara, porque era la alegría de su vida. La caravana seguía caminando de prisa, todos iban alegres disfrutando del fresco de la mañana, de su olor a tierra mojada y de las bromas que entre los señores se hacían. Sólo la esposa de don Néstor llevaba su pensamiento fijo en la niña que había dejado enfermita en su casa. Se cuenta que corría el año de gracia de 1860, era una lluviosa mañana de septiembre, cuando Don Margarito salió de su casa, pasó por su hermano Néstor y en el camino se les juntaron don Lucas Infante con su familia y otras personas, los que iban a toda prisa porque la campana de la iglesia estaba dando la última llamada. La esposa de don Néstor estaba preocupada, comentó con sus amigas porque su hijita seguía muy grave y que según el médico, sólo un milagro podría salvarla.
Iba a la iglesia con gran fe para pedirle a Dios por su pequeña Lupita, para que no se la llevara, porque era la alegría de su vida. La caravana seguía caminando de prisa, todos iban alegres disfrutando del fresco de la mañana, de su olor a tierra mojada y de las bromas que entre los señores se hacían. Sólo la esposa de don Néstor llevaba su pensamiento fijo en la niña que había dejado enfermita en su casa.
De pronto, al dar vuelta en una esquina, a unos cuantos pasos de la huerta que era de los señores Leos, se apareció un individuo demasiado alto, enfundado en un traje negro y con un chambergo de ala monstruosa. Al irse acercando al grupo, todos experimentaron un escalofrío tal, que comenzaron a temblar como hojas.
aparecido Aquella figura, segundos más tarde desapareció. En silencio llegaron al templo. Nadie se atrevía a hablar de lo que había visto. Una vez que terminó la misa, se despidieron del sacerdote y con excusas de no poder desayunar en la casa de Don Margarito López, cada familia se fue rumbo a su casa. Al día siguiente se volvieron a reunir todos los amigos con su prole y juntos atravesaron la plaza de San Marcos para tomar la vereda "estrecha y tupida de mogotes que principiaba en la bocacalle de Rivera", y en el mismo lugar, volvió a salir aquella extraña figura, que dejó sin respiración a los paseantes los que tranquilos se dirigían a participar del oficio religioso. Volvió a desaparecer.
Y este encuentro se hizo cotidiano por un mes. Algunas personas ya no querían asistir a la misa del alba, pero las familias de Don Margarito y Don Néstor continuaron con su costumbre de años, y a los pocos días todos reanudaron los encuentros mañaneros. Ya se atrevían a comentar del extraño aparecido que como exhalación pasaba junto al grupo, sin decir una sola palabra. Algunos decían que era un hombre extravagante, un maniático que gustaba también salir a la hora del alba a tomar el fresco.
Pero otros, no pensaban así, se atrevían a hablar del fantasma, de una alma en pena... los niños le decían "el aparecido de la vereda". Pero todos en el fondo sentían temor de que fuera algo sobrenatural, aquella figura con monstruoso chambergo y enfundado en un extraño traje negro que le tapaba hasta el cuello, dejándole ver sólo unos ojos redondos y negros como capulines.
aparecido Un día, en el mes de noviembre de ese año, cuando el grupo presidido por Don Margarito, iban rezando el rosario a la Virgen de Guadalupe (se acostumbraba rezar cuarenta rosarios terminando el día 12 de diciembre) cuando de pronto, el aparecido no sólo pasó cerca de ellos, sino que se paró y con una voz de ultratumba y dirigiéndose a don Néstor dijo: "Tuuuuu... Neéstooooor,... tienes... uuunaa... eeenffermmitaa... llévame... con ella... yooo tee laa curaaree.
Al o que aquel individuo se encontraba en la habitación de su hija. Decía un rezo muy largo con gran parsimonia y ademanes extraños, puso una mano en la cara de la pequeña, la que quedó estampada para siempre en ella. Poco a poco la hija de Don Néstor abrió los ojos, se sentó en la cama y pidió de comer.
A los cuantos días Lupita estaba jugando en el Jardín de San Marcos, con sus amiguitas como si nada le hubiera pasado; sólo en su carita tenía una marca como de dedos pintados. Desde aquel día el hombre del monstruoso chambergo desapareció para siempre, pero la familia de los López, siguió con sus costumbres de asistir diariamente a sus oficios religiosos, cambiaron de vereda, no volvieron a pasar más por la calle de Rivera, ahora su camino era la calle de Democracia (ahora Eduardo J. Correa) para así poder llegar al templo.
Aquel hecho insólito fue muy comentado no sólo en el barrio, sino en todo Aguascalientes y todavía por el año de 1880 se habll lugar señalado, se les volvió a aparecer el fantasma... al preguntarle a Don Margarito, si era de esta vida o de la otra, el hombre retrocedió dos pasos hacia atrás y dijo: "¡mi deseo es curar a la niña!". Sin decir una palabra más desapareció. Después que regresó Don Néstor a su casa supo que aquel individuo se encontraba en la habitación de su hija. Decía un rezo muy largo con gran parsimonia y ademanes extraños, puso una mano en la cara de la pequeña, la que quedó estampada para siempre en ella. Poco a poco la hija de Don Néstor abrió los ojos, se sentó en la cama y pidió de comer.
A los cuantos días Lupita estaba jugando en el Jardín de San Marcos, con sus amiguitas como si nada le hubiera pasado; sólo en su carita tenía una marca como de dedos pintados. Desde aquel día el hombre del monstruoso chambergo desapareció para siempre, pero la familia de los López, siguió con sus costumbres de asistir diariamente a sus oficios religiosos, cambiaron de vereda, no volvieron a pasar más por la calle de Rivera, ahora su camino era la calle de Democracia (ahora Eduardo J. Correa) para así poder llegar al templo.
Aquel hecho insólito fue muy comentado no sólo en el barrio, sino en todo Aguascalientes y todavía por el año de 1880 se hablaba de los que les había sucedido a los López, pero ya se platicaba como una leyenda, la que ahora recogemos.

Aguascalientes libre por el beso de una mujer

leyendas

Leyendas de Aguascalientes

Esta historia nació gracias al ingenio del Ingeniero Elías L. Torres, quien recuperó en un escrito lo que decía el pueblo sobre la Soberanía de Estado, lo cual levantó gran polémica en el pueblo sobre todo, en las recatadas y buenas mujeres de Aguascalientes.
Se cuenta esta narración que doña Luisa Fernández Villa de García Rojas, oriunda de Aguascalientes hija de Don diego Fernández Villa, conocido comerciante del lugar- se casó con Don Pedro García Rojas en 1822 (su primera hija doña Francisca nació en 1924).
beso Doña Luisa era una mujer atractiva, caritativa, generosa, que como a todos los aguascalentenses deseaba que su estado fuera independiente y sacudirse del yugo zacatecano " librarse de la tiranía de los tusos ", rezaba un incendiario manifiesto de la época, anhelo que no podía cristalizar mediante una revolución, ya que no se podía enfrentar éste contra los poderosos enemigos de Zacatecas.
Don Pedro García Rojas se distinguía por su prominencia en la política y su riqueza. Respetado y distinguido en el estado y con antecedentes marcadamente enemigos de la liberal política zacatecana. La ciudad de Aguascalientes fue fundada en 1575, según consta en la cédula de Felipe II, fechada en Madrid el 22 de octubre de ese año, siendo sus fundadores Juana de Montoro, Gerónimo de la Cueva, Alonso Alarcón y otros mas, quienes se instalaron en las cercanías de los manantiales de aguas termales que hay en esa ciudad.
El crecimiento de la población fue tan rápido, por la bondad de su clima, la exuberancia de su vegetación y la abundancia de las aguas que, treinta y seis años más tarde, el 18 de agosto de 1611, la Real Audiencia de Nueva Galicia la declaró Villa, poniéndole por nombre "Villa de Nuestra Señora de la Asunción de las Aguas Calientes". Durante muchos años siguió dependiendo del Gobierno de Nueva Galicia, hoy Jalisco, y todavía cuando el Conde de Gálvez, Virrey de México, dividió la Nueva España en doce intendencias, siguió perteneciendo a Jalisco.
beso En 1791, el Gobierno Virreinal, quizá por la gran distancia a que se encontraba Guadalajara, resolvió agregar a la intendencia de Zacatecas, lo que hoy es Aguascalientes; con ese motivo surgió un obvio y natural disgusto de los vecinos, el cual se hizo manifiesto, por escrito. Hubo súplicas, pasquines y el descontento fue creciendo a medida que el tiempo pasaba, sin que nunca aceptaran semejante cambio, también hubo con frecuencia escándalos y motines que duraron hasta la compleja independencia del Estado.
De manera que, desde que Aguascalientes fue agregado a la dependencia de Zacatecas, el más grande anhelo de sus habitantes, era independizarse. Pasaron algunos años, y Aguascalientes era un suburbio de Zacatecas, la gente sentía gran encono con los zacatecanos, los que menos culpa tenían en el asunto. El primero de Mayo de 1835, Don Antonio López de Santa Anna, llegó a la ciudad de Aguascalientes de paso para Zacatecas.
Llevaba un contingente de 3,000 hombres, con los cuales iba a someter al orden al turbulento estado de Zacatecas, que había tenido "la audacia", de sublevarse contra él. Dice Elías L. Torres, que " la causa en el fondo era que las ideas liberales y avanzadas de los zacatecanos no se compadecía con las del gobierno central, que habían impuesto a la republica al cojo de Tampico ". La llegada del general Santa Anna a Aguascalientes, fue un gran alboroto, el pueblo se puso en movimiento, se adorno la villa y con gran jubilo fue recibido el presidente.
beso Pernoctaría una noche y las principales familias del lugar se disputaban el honor de recibir en su casa al invencible guerrero. La residencia de Don Pedro García Rojas y su esposa Doña María Luisa fue la elegida. Toda la calle de Morelos (en donde se ubicaba, según el historiador Don Alejandro Topete Del Valle) fue decorada por guirnaldas de flores y papel de china de colores. Dice la leyenda que el día fue muy ocupado para el general Santa Anna; órdenes para el ejército, recibo de comisiones, conferencias con los principales vecinos, con miembros del clero y de los conventos y toda esa batahola de ir y venir que en torno de los grandes se agita y mueve. Por lo tanto dieron órdenes estrictas para no permitir más el paso a nadie; había sido un día muy agitado y el general iba a descansar.
Doña Maria Luisa, que era una gran ama de casa, virtuosa en la cocina y una exquisita dama de abolengo, la que a más de su belleza tenía finos modales, desplegando toda su coquetería recibió al general Antonio López de Santa Anna, con una reverencia. El invitado ocupaba la cabecera de la mesa; mientras saboreaba un delicioso chocolate y los famosos " ladrillos " (panecillos típicos de Aguascalientes), refería los incidentes de sus gloriosas campañas. Don Pedro, escuchaba atento a su izquierda el emocionante relato. Su esposa a la derecha del altivo invitado, clavaba sobre él sus ojos de obsidiana y comentaba las hazañas que éste refería con frases de elogio oportuno, o desgranaba dulcemente su sonrisa divina, que era un invencible hechizo de su belleza aguascalentense.
Poco a poco fue rodando la conversación, sabiamente llevada por la dama, hasta conectarla en la situación dolorosa por la que atravesaba Aguascalientes. Así escuchaba Santa Anna de sus labios como la ciudad no tenía escuelaadores que acudían de todas partes de la República, se resarcieran de las pérdidas sufridas, saqueando la población, de que se habrían librado gracias a que el ayuntamiento había armado a un centenar de hombres que pagaban los vecinos y con los cuales se patrullaban las calles de día y de noche.
Cuenta el narrador que cuando la señora Villa de García Rojas llegaba a esa parte del relato, se abrió la puerta del amplio comedor y un criado anuncio que Don Pedro José López de Nava, buscaba al señor García Rojas; era urgente. El aludido pidió permiso para salir a la sala un momento, cerro tras de sí la puerta y el ruido de sus pasos se fue perdiendo por el rojo enladrillado del corredor. -Aguascalientes puede ser independiente-, continua Doña Maria Luisa, reanudando su conversación -basta que usted lo quiera, mi General, que en este pueblo todos lo anhelamos, llegaríamos hasta el sacrificio para obtenerlo.
Dejó caer estas últimas palabras con una ternura tan intensa, que él árbitro de la República conmovido deslizó su mano sobre el bordado mantete las fiestas de San Marcos el gobierno de Zacatecas había retirado todas las fuerzas que tenía en la ciudad, exponiéndola a un asalto de los bandidos que merodeaban por las cercanías de Calvillo o que los jugadores que acudían de todas partes de la República, se resarcieran de las pérdidas sufridas, saqueando la población, de que se habrían librado gracias a que el ayuntamiento había armado a un centenar de hombres que pagaban los vecinos y con los cuales se patrullaban las calles de día y de noche.
Cuenta el narrador que cuando la señora Villa de García Rojas llegaba a esa parte del relato, se abrió la puerta del amplio comedor y un criado anuncio que Don Pedro José López de Nava, buscaba al señor García Rojas; era urgente. El aludido pidió permiso para salir a la sala un momento, cerro tras de sí la puerta y el ruido de sus pasos se fue perdiendo por el rojo enladrillado del corredor. -Aguascalientes puede ser independiente-, continua Doña Maria Luisa, reanudando su conversación -basta que usted lo quiera, mi General, que en este pueblo todos lo anhelamos, llegaríamos hasta el sacrificio para obtenerlo.
Dejó caer estas últimas palabras con una ternura tan intensa, que él árbitro de la República conmovido deslizó su mano sobre el bordado mantel y oprimiendo la fina siniestra de Doña María Luisa, le dijo, emocionado. -¿ De veras hasta el sacrificio ?... La señora de García Rojas se puso de pie violentamente, cerró un poco el entrecejo, como desaprobando el atrevimiento del caudillo. Pero este, sin soltarle la mano y mirándola suplicante... volvieron a brillar en sus labios una sonrisa, y sentándose de nuevo contestó: - Hasta el sacrificio... General.
Santa Anna acercó sus labios sensuales sobre los divinamente bellos de la hermosa dama aguascalentense y dió un beso prolongado y ardiente que vino a interrumpir el ruido de los pasos de don Pedro, que regresaba por el pasillo. La dama salió al encuentro de su esposo, radiante de alegría y colgándosele del cuello zalamera y coqueta le dijo: - ¡ Perico, por fin Aguascalientes es independiente ¡ ¿ Verdad General ¿ - Verdad es, asintió Santa Anna inclinando la cabeza y besando la mano de la señora García Rojas.
Según se cuenta en la leyenda, el dictador cumplió su palabra, al día siguiente, dos de mayo de 1835, fue depuesto el jefe político zacatecano, José Maria Sandoval, y nombrado por el cabildo para sustituirlo Don Pedro García Rojas. Días después, triunfante, pues había derrotado en Guadalupe, Zacatecas a las fuerzas de Don Francisco García, que eran las de aquel Estado, expidió un decreto fechado en México el 23 de Mayo de 1835, confirmando la independencia de Aguascalientes, haciéndolo territorio el 30 de Noviembre de 1836, fue declarado Departamento con la dimensión que ahora tiene el estado, nombrándose como era natural, primer gobernador a Don Pedro García Rojas.

jueves, 1 de noviembre de 2007

El Palacio de las Vacas.


El Palacio de las Vacas.
(Update 28-Jul-2021)

El recinto debe el nombre a su segundo dueño, quien convirtió el palacete en una lechería.
Un palacio para las vacas. Así de extraño como suena, y existió por 1910, cuando Segundo Díaz, primo hermano de Porfirio, mandó construir un palacete de estilo morisco en el centro de Guadalajara, por la calle San Felipe, reconocida en todo el país como el Paseo Filipense, porque allí estaban algunas de las casas más hermosas de la ciudad, que la modernidad se encargó de destruir.
Díaz traía a su familia en temporada de vacaciones y de paso socializaba con la clase acomodada de Jalisco. El palacete, de 300 metros cuadrados, 24 habitaciones, 10 baños y dos patios, necesitaba una decoración exclusiva y por ello el propietario contrató al muralista Xavier Guerrero para que pintara las paredes.
Guerrero, todavía muy joven pero ya exitoso, había venido a vivir en Guadalajara, donde plasmó obras realmente ambiciosas. En la casa de Díaz escogió pintar en un friso follaje estilizado, alternando con mujeres desnudas, las cuales terminaban en cola de pescado, una anomalía que sumamente sorprendió al dueño. Pero también pintó ángeles, escenas bíblicas e imágenes de Guadalajara de aquellos años, como la barranca de Oblatos y Chapultepec de antaño con sus canales de agua.
Díaz no usó la casa mucho tiempo, y la vendió a su hermano Miguel, quien transformó el palacio en una lechería. Clausuró el acceso que tenía en la calle Reforma y las vacas entraban por la entrada principal del palacete para llegar hasta el patio trasero, es decir, es establo. Los vecinos decían que “era el palacio de las vacas”, que pasaban rodeadas de los murales de Guerrero.
Pero más allá de la excentricidad, el hecho de que hubiera un establo en pleno centro de Guadalajara es un testimonio más de que Guadalajara fue ganadera durante muchos años.
Después de ser establo, la casa tuvo diversos dueños y en 1949 fue rentada para la instalación de la primera universidad femenil de Guadalajara.
Más tarde fungió como escuela primaria y tapicería. En el correr de esas rentas hubo varios destrozos, por ejemplo, cuando fue colegio se colocaron puertas divisorias en los murales y se perdieron varias representaciones de Guerrero.
La promesa de la restauración
Después de 1960, la casa estuvo 10 años abandonada y fue víctima de vandalismo. La hicieron propia marginales del centro, que dañaron varios de sus murales, incluso con graffiti, se robaron puertas y el cancel de la capilla de la planta alta, entre otras cosas.
En la historia de la casa se registra que una de las propietarias que tuvo quiso tirarla para hacer un estacionamiento, pero las autoridades no se lo permitieron. Enojada, mandó tapar con cemento la tubería para que la casa se inundara. En ese tiempo, Alexandra Muir, una vecina de la zona, se dio cuenta de lo que sucedía y la compró. Invirtió algo de dinero en la restauración de la casa y mandó destapar algunos de los caños, pero no hizo mucho más.
Hace siete años, el estadunidense John Allen David vino de vacaciones a la ciudad, al pasar por el Palacio de las Vacas se enamoró de ella, porque pensó que finalmente había encontrado la casa de sus sueños. Se puso en contacto con Muir y la compró, con la firme idea de restaurarla y hacer de ella un hotel con restaurante.
John, que era un galerista reconocido en varios estados del país del norte, vendió todo lo que tenía para comprar e invertirle en la restauración, e incluso vendió su vasta colección de joyas.
Pero las cosas no fueron fáciles. Aun cuando la casa estaba abandonada, con invasión de pulgas y piojos y a punto de destruirse, John decidió que ésa sería su morada en esta ciudad y de inmediato se instaló en ella para comenzar las obras de restauración.
Fue asaltado varias veces, aún no sabe por quién, y le robaron todo su capital, dejándolo sin recursos para cumplir sus sueños. “Se me fue una vida de trabajo. Trabajé 40 años para comprar esta casa”, dice con su escaso español.
Con el dinero que ha podido conseguir, compró antigüedades, como sillas, mesas, lámparas, camas, arregló la capilla, colocó pisos de cerámica y hasta hace pocos meses pudo componer los baños.
El precio de la restauración total de la casa es de 400 mil dólares. Junto con la familia Pérez Cueva, fiel compañera del estadunidense, han recorrido sin éxito infinidad de oficinas de autoridades públicas –ayuntamientos y secretarías– para conseguir financiamiento destinado a la restauración de la casa. En el caso de los murales, la Escuela de Conservación y Restauración de Occidente (ECRO) está dispuesta a apoyar con la mano de obra, pero Allen David tiene que aportar los materiales, algo que en la actualidad está lejos de sus posibilidades.
Hasta ahora lo único que ha podido lograr es que la Secretaría de Turismo autorizara recorridos turísticos, a cargo de Mónica Pérez Cueva, por el interior del Palacio de las Vacas, que se realizan todos los días en diferentes horarios, con aportación voluntaria, que John la destinará a la rehabilitación, porque su intención es que la comunidad disfrute de la casa, que esté abierta para que cualquiera pueda entrar y apreciar sus encantos.
Pero aun cuando sabe que será difícil reunir el dinero para llegar a su meta, Allen David, feliz y con una sonrisa amplia dice: “todavía es la casa de mis sueños y voy a lograr arreglarla”.
El Palacio de las Vacas está ubicado en San Felipe 630, colonia Centro. 


Informacion:
https://www.facebook.com/elpalaciodelasvacas/

Telefono: 33 1129 5389



El Rincón del Diablo




E1 convento de Santa María de Gracia abarcaba por el oriente hasta el río San Juan de Dios (hoy Calzada Independencia), por el norte hasta la calle Juan Manuel, por el poniente hasta Belén y por el sur hasta cruzar por Hidalgo, en una de sus largas paredes, chocaba un angosto callejón tétrico y obscuro, llamado del "Ahorcado", se le conocía por ese nombre por que ahí se colgó a un adúltero de apellido Lemus. En la época virreinal este callejón era visto con horror por todos los habitantes de Guadalajara. Al tiempo se le comenzó a llamar como "Rincón del Diablo" por un suceso muy comentado que pasó ahí, el señor José T. Laris nos cuenta que: "En postrimerías del gobierno de la Real Audiencia en Guadalajara fue indispensable construir en la huerta del Convento de Dominicas, ya mencionado, un departamento precisamente frente a lo que después se llamó "Rincón del Diablo".

Una pequeña ventana, en forma de aspillera, se abrió en la pared que cerraba el callejón del "Ahorcado" y bajo de ella quedaba la cama de la maestra de novicias, porque precisamente el departamento que se había hecho era para el noviciado.

En una noche, en que ni la luna se atrevía a atisbar por aquellos tétricos sitios, se despertó alarmada la religiosa encargada de las novicias a causa de los gritos y blasfemias que se escapaban de aquel antro de tinieblas. Como en ese momento la esquilita capuchina tocaba a maitines, a las doce de la noche, la maestra del noviciado no pudo darse cabal cuenta de la tragedia que se desenvolvía en el ya repetido callejón: mas habiendo cesado la esquila de llamar a las religiosas, mediante una silla pudo, la religiosa, asomarse por la arpillera, bajándose violentamente, horrorizada al ver que frente a la puerta de la casucha que ocupaba el rincón, había una larga mesa con paño de tumba, donde cuatro velas negras sostenidas en cráneos humanos, alumbraban a varias mujeres desmelenadas, que apurando en copas un brebaje misterioso, azotaban con recias disciplinas a un Santo Cristo de Marfil, que tendido sobre aquella triste y sacrílega mesa, parecía que con sus inconmovibles miradas suplicaba gracia y favor de aquellas brujas.

No pudiendo contenerse la religiosa, llamó a la abadesa, que alarmada y a pesar de sus años trepó sobre la silla y al darse cuenta del sacrilegio no esperó a que amaneciera, sino que a esas horas mandó llamar al mayordomo del Convento, un respetable sacerdote, el que apenas amaneció dio noticias al Obispo de Guadalajara de lo acontecido.
El Sr. Alcalde, Obispo de la Diócesis, mandó llamar a los oficiales del Santo Oficio para enterarlos de lo acaecido. El tribunal de la Inquisición se trasladó desde ese día a un lugar inmediato al "Rincón del Diablo" para sorprender aquellos bichos que a tan judía ceremonia se entregaban. La ocasión se les presentó allí a poco, porque la siguiente noche observaron los oficiales del Santo Oficio que varios bultos envueltos en luengos y negros mantos y encapuchados se deslizaban, arrastrándose, por el callejón, introduciéndose cautelosamente en el lugar frente al cual había colocada la funeraria misa.
Ellos, con las mismas precauciones, llegaron a la puerta de la casucha que, albergaba aquellos malvados, aplicando el ojo por la rendija de la llave, descubrieron que varios caballeros de los principales de la ciudad y algunas mujeres hermosas se entregaban a darle culto al Diablo. No pudiéndose contener y a los gritos de "Dense al Rey", "¡paso a la Inquisición!" empujaron la centenaria puerta, que cayó hecha astillas, y desenvainando apresuradamente sus tizonas, se trabó un rudo combate entre los brujos y los inquisitoriales, quedando la victoria de parte de éstos.

El Santo Tribunal descubrió que los tertulianos a aquella macabra fiesta adoraban al Diablo en una rica pintura que adornada con varias joyas, ocupaba el lugar de honor en su largo y artístico salón todo él adornado con ricos cortinajes de Damasco y que servía para sus orgías, las viandas y licores que había en grandes mesas, que podían compararse con los de la Corte de Nerón o Caracalla.

Llevados a la prisión inquisitorial y juzgados benignamente a los delincuentes aquí terminó este hecho que alarmó a la religiosa de la ciudad de Guadalajara". Contaban los viejos que al oír "El Rincón del Diablo", se persignaban y, decían: "Bendito y alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar", siempre evitaban pasar por ese lugar y cuando tenían que pasar por ahí, se acompañaban de alguna "santa reliquia o provistos de una redomita de agua bendita".

Esta casa fue, a través del tiempo, habitada por particulares, fue Sede de la Santa Inquisición durante la colonia, después ocupada por un modesto expendio de carbón,paletería y desde que se hizo la Plaza Tapatía, en esta finca se encuentra la Secretaría de Turismo del Estado de Jalisco.

Antiguamente este rincón, según la primitivo nomenclatura, estaba marcado con la letra C, después llevó el número 13 y hoy lleva el número 102 de la calle Morelos.
Existe una Leyenda donde el Diablo también sale a relucir. Resulta que entre las calles de Reforma y Mezquitán estuvo una gran loza que llamaban la Piedra Lisa y según creían, bajo esta piedra se encontraba el nido del Diablo. Esto se creía porque sucedieron muchas tragedias en este sitio, pues hace muchos años la banda del barrio del Tiburón, ahí por la capilla de Jesús, tomó esta esquina como punto de reunión provocando terror al que pasara por ese lugar. Por si fuera poco, pintaron en la piedra un letrero que decía "POR AQUI NADIE PASA", ahora sumándole que en esta esquina estaba una cantina de mala muerte, se hizo un festín de horror en esa loza, ya sea por personas que querían demostrar su valentía o por borrachos que desafiaban a los de la banda del Tiburón.
No era raro descubrir muchas veces llena de sangre dicha piedra, ya que los muchos borrachos con el calor del alcohol, buscaron pelea con los miembros de la banda, quedando sin vida en ese sitio. Es por eso que se creía que debajo de ese pedernal se encontraba el mismísimo nido de Satanás.

La Dama Enlutada.

A principios del siglo XIX, los habitantes de la tranquila Guadalajara se quedaron pasmados por un suceso tan increíble, que les heló la sangre. Esto comenzó a ocurrir entre las diez y las once de la noche, según contaban algunos serenos y otras personas que juraron verla. Decían que de la puerta principal de catedral, una esbelta mujer iniciaba su caminata rumbo al norte de la ciudad, a pesar de la tenue luz que despedían los escasos faroles, dejaba percibir su andar garboso y elegante, con una silueta que, aunque cubierta con un elegante ropaje negro, denotaba su bien formado cuerpo, alto y proporcionado.

No faltó el noctámbulo, guardián o sereno, que extasiado por el porte y figura de esa dama (sin importar lo impropio de la hora), la comenzara a seguir a una prudente distancia admirándola, a pesar de los piropos y galanteos, la mujer hacía caso omiso continuando con su ondulante y provocativo caminar.

En cuanto llegaba frente al Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, atravesaba la calle y se esfumaba perdiéndose quien sabe como y donde, al llegar frente al viejo templo.

"Se decía que fueron varias las personas que, después del perseguimiento, habían llegado a nivel de su andar y al tratar de lanzarle la palabra tanto galante como llena de extrañeza, caían sin conocimiento o totalmente muertas, cuando la dama enlutada volteaba el rostro cubierta con rica, luctuosa y transparente mantilla, pero mostrando una calavera de equino, a la vez que lanzaba un cimbrante grito, a manera de relinchido". .

EL SEÑOR DEL REBOZO

Amediados del Siglo XVI funcionaba ya como convento Dominico, el edificio situado a espaldas del que fuera templo de Santa Catalina de Siena, ubicado en la calle de su nombre hoy República Argentina. Fundado por ayuda pecuniaria de tres mujeres sumamente religiosas y ricas conocidas por "Las Felipas", este convento recibía la ayuda de casas y encomiendas y rentas producto de una especie de fideicomiso de estas Felipas y así comenzó a recibir monjas que se acogían a la advocación de Santa Catalina de Siena.

En el Templo que como se dice y se sabe, daba a la hoy calle de la República Argentina, estaba entrando a la derecha, un Cristo de madera, esculpido por anónimo escultor, uno de tantos imagineros que dejó para siempre su arte religioso sin que se recuerde su nombre. Era un Cristo de mirada triste, de palidez mortal, con grandes llagas sangrantes y una corona de espinas cuyas puntas parecían clavarse en la carne, la madera que asimismo escurría sangre. Daba lástima esta triste figura del Señor colocada a la entrada del templo, con su cuerpo llagado, flácido y apenas cubierto con un trozo de túnica morada.

Tal vez este triste aspecto del Cristo cargando la Cruz fue lo que motivó a una monja que llegó como novicia bajo el nombre de Severa de Gracida y Alvarez y que más tarde adoptara al profesar, el de Sor Severa de Santo Domingo. Pues bien esta monja, cada vez que iba a misa al templo de Santa Catalina, se detenía para murmurar un par de oraciones al Señor cargado con tan pesada cruz al grado de que cada día lo advertía más agobiado, más triste, más sangrante.

Pasaban los años y a medida que la monja Sor Severa de Santo Domingo solía pasar más tiempo ante el Cristo, mayor era su devoción, mayor su pena y más grande la fe que profesaba al hijo de Dios.

Así pasaron los años, treinta y dos para ser más exactos, la monja se hizo vieja, enferma, cansada, pero no por eso declinó en su adoración por el Señor de la Cruz a cuestas, sino que aumentó a tal grado de que lo llamaba desde su celda en donde había caído enferma de enfermedad y de vejez.

Una noche ululaba el viento, se metía por las rendijas, por el portillo sin vidrio ni madera, calaba hasta los huesos viejos y cansados de la monja. El aire azotaba la lluvia y la noche se hacía insoportable.

-!Jesús.. Cristo mío! -gritó la monja con voz casi inaudible, pero llena de dolor, tratando de abandonar su lecho de enferma-, dejádme que cubra vuestro enjuto y aterido cuerpo... venid a mi señor, y mostráos ante esta pecadora que sólo ha sabido amarte y adorarte en religiosa reverencia.

Arreció el vendabal...

Y lo insólito de esta historia ocurrió entonces. Llamaron quedamente a la puerta de la celda de la enferma monja y ésta con muchos trabajos se levantó y abrió, para encontrarse ante la figura triste de un mendigo, casi desnudo, que parecía implorar pan y abrigo.

La monja tomó un mendrugo, un trozo de la hogaza que no había tocado y le ofreció el pan mojado en aceite, agua y sacando de su ropero un chal, un rebozo de lana, cubrió el aterido cuerpo del mendigo.

Terminado de hacer esto, el cuerpo de la monja se estremeció, lanzó un profundo suspiro y falleció.

Al día siguiente hallaron su cuerpo yerto, pero oloroso a santidad, a rosas, con una beatífica sonrisa en su rostro marchitado por los años y la enfermedad.

Y allá en el templo de Santa Catalina de Siena, cubriendo el enjuto y sangrante cuerpo del Señor con la cruz a cuestas, el rebozo o chal de la vieja monja.

Desde entonces y considerado esto como un milagro, un acto inexplicable, las religiosas y los fieles bautizaron a esta imagen como "El Señor del Rebozo" y este cristo estuvo muchos años expuesto a la veneración de los feligreses, hasta la exclaustración de las monjas y cuando el gobierno cedió este hermoso y legendario templo, primero para templo protestante y después para biblioteca.